El paso del tsunami del 11 de marzo por la región japonesa de Rikuzentakata arrancó, además de centenares de vidas humanas, miles de árboles. De entre los 70.000 pinos plantados en la costa de esta región balneario sólo uno sobrevivió, convirtiéndose enseguida en el símbolo de la esperanza, de la reconstrucción y de la fortaleza para todos aquellos supervivientes a la catástrofe.
La víspera de Navidad, los voluntarios y residentes de Rikuzentakata han iluminado este pino de diez metros de altura,, como símbolo de que la región volverá a brillar tal y como lo hace el famoso árbol.
















